¿Y dónde está el animal? Parashá Vayiká

En la parashá Vayiká se relacionan las diferentes ofrendas que se podían presentan al Señor dependiendo de diferentes causalidades, unas eran de ganado ovino, otras podían ser aves, algunas de cereal y al interior del Templo todas tenían un tratamiento particular para que fueran aceptadas. Sin embargo, hoy no hay templo y por otra parte el Rey David escribió "Tú no te deleitas en los sacrificios ni te complacen los holocaustos; de lo contrario, te los ofrecería" [Salmo 51:16], entonces ¿Qué podemos ofrendar?

Los sabios enseñan lo que ocurre cuando al hombre se le quita la parte divina: la palabra Adán en hebreo es אָדָ֥ם (Strong 121), la primera letra en nuestra esencia humana es la א (Alef) la cual representa a Di-s, si removemos la presencia del Señor, nuestra esencia se reduce a דָּם (Dam) que significa sangre (Strong 1818), sencillamente quedamos al nivel del resto de seres vivientes: carne, hueso, ¡sangre!, nos transformamos en un animal común y corriente actuando por instinto.

Dicho eso, los sabios enseñan que el único verdadero animal que deberíamos ofrendar a diario es el que tenemos cada uno en nuestro interior, lo que deberíamos presentar a nuestro Padre es ese instinto animal que no nos permite tener dominio propio sobre nosotros mismos, que inclina la balanza hacia el pecado, ese animal que describe Rab Shaul: "Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Y, si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que habita en mí." [Romanos 7:18-20].

No subestimemos a este animal porque a veces es tan fuerte que los sabios decidieron ofrendarlo a diario en las oraciones de Shajarit: "...Aléjame de la mala inclinación, haz que me apegue a la buena inclinación y subyuga mis inclinaciones naturales para que te sirvan...", la verdadera lucha en contra de nuestra naturaleza empieza cuando la ofrendamos.

¡Que así sea su voluntad!, ¡Shavua tov!

REFERENCIAS:

Libro "Las Joyas de la Corona"