No temerás recibir malas noticias - Parashá Shelaj Lejá

El rey David escribió el hermoso salmo 112, en el cual vemos reflejado el lugar y en quien tenía puesta su confianza y su esperanza total y plenamente. ¡Qué hermoso! ¿no les parece? El no tener ningún tipo de temor por recibir malas noticias y confiar plenamente en nuestro amado Abba (Padre) es un regalo precioso, ¿Cuán diferentes hubiesen sido cada una de las historias de nuestras vidas si nuestro nivel de confianza en el Eterno hubiese sido al menos una fracción de la que tenía el rey David?

En la parashá (Porción de la Toráh) de esta semana: "Shelaj Lejá" (Envía tu) podemos evidenciar claramente como la falta de confianza plena en nuestro amado Abba fue lo que ocasionó que el pueblo tomara las decisiones equivocadas; el preámbulo al error, fue que el pueblo de Israel eligió el miedo, la duda en lugar de creer plenamente en las promesas que el Rey de Reyes les había hecho a los patriarcas y que de hecho reafirmó cuando aún eran esclavos en Egipto, no creyeron en la promesa en la que Él los llevaría a una tierra donde fluye leche y miel.

Retomemos un poco la historia, aquí el pueblo ya había sido testigo y participe de los milagros y portentos que El Eterno había hecho por cada uno de ellos, sin embargo, existía algo en sus corazones que no les permitió creer y confiar plenamente en Él, solo dos hombres (Yehoshua y Caleb) de los doce espías volvieron con "buenas noticias", aunque habían visto lo mismo que los otros diez, este par de personas no dudaron que nuestro Abba Kadosh (Santo Padre) no solo los iba a guardar sino que también les iba a conceder la victoria absoluta y así tener el privilegio de ver cumplida la promesa ante sus propios ojos: la de tomar posesión de la tierra donde fluye la leche y la miel.

Muchos de nosotros hemos leído en varias oportunidades esta porción de la Toráh y en algún momento hemos tenido la osadía de pensar: ¡cuánta testarudez!, que dureza de corazón!, después de ver todos los milagros que el Eterno había hecho por ellos y aun así ¿dudaron?. Que fácil es juzgar, pero en esta oportunidad querida comunidad queremos invitarlos con amor a que nos hagamos las siguientes preguntas: ¿Teme mi corazón recibir malas noticias?, ¿en quién o qué tengo puesta mi confianza?, ¿hacemos parte de los diez espías que aun viendo no creyeron ó hacemos parte de los dos que llevan buenas noticias?

Muchos de nosotros hemos sido como el pueblo, desconfiados, incrédulos, duros de corazón, cobardes. Cuantos milagros inmerecidos hemos recibido por parte de nuestro amado Padre y aun así, no confiamos plenamente en Él, al primer obstáculo ya queremos echarnos para atrás, abandonar el barco. Definitivamente cuando vemos la escena de los diez (10) espías podemos descubrir que había algo en sus corazones que no les permitió creer en plenitud, tal vez ¿arrogancia?, tal vez ¿idolatría?, ¿falta de disposición?, ¿miedo? Con certeza no lo sabemos, lo único que podemos hacer es extraer esta enseñanza y aplicarla a nuestras vidas hoy.

Es completamente natural sentir miedo, cansancio, desaliento dada nuestra condición humana, ¡pero amigos no podemos por eso olvidar quien esta y va con nosotros!, Recuerda: es el Elohim Tzva'ot (D-os de los Ejércitos), Rey de reyes, el creador del cielo y de la tierra, el ¡Poderoso de Israel!

El Eterno tiene hermosas promesas para cada uno de nosotros, y en las diferentes áreas de nuestra vida, pero Él necesita y espera que confiemos en Él plenamente y es así y solo así, cuando Él podrá materializar lo que ha prometido, por lo tanto, está en nuestras manos tener el corazón dispuesto para creer, confiar y obedecer, así como el rey David lo hizo.

Por eso cuando hayas salido de Egipto, hayas visto al mar abrirse ante tus ojos y estés a punto de entrar a la tierra prometida, respira profundo, no te aceleres porque del afán no queda sino el cansancio, alienta a tu corazón, avanza y aunque lo que vean tus ojos sean gigantes y se escape de todo entendimiento humano, avanza, toma posesión de la tierra, cree y confía porque El Rey de reyes ha prometido que estará contigo y te dará la victoria.

"No temerá recibir malas noticias; su corazón estará firme, confiado en el Señor. Su corazón estará seguro, no tendrá temor, y al final verá derrotados a sus adversarios." [Salmo 112: 7-8]

Amén y Amén

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