Y oré - Parashá Vaetjanán

Después de ser liberados de Egipto con grandes portentos y prodigios, ver el mar abrirse ante sus propios ojos, recibir el mana, recibir la Toráh, vivenciar las diferentes batallas desde la victoria (bueno casi todas), ahora el pueblo está terminando su proceso de formación y se aproxima a la entrada a "la tierra prometida", pero antes de poseer la tierra, Moshé (Moisés) se dirige al pueblo y les dice: "»En aquella ocasión le supliqué al Señor: "Tú, Señor y Dios, has comenzado a mostrarle a tu siervo tu grandeza y tu poder; pues ¿qué dios hay en el cielo o en la tierra capaz de hacer las obras y los prodigios que tú realizas? Déjame pasar y ver la buena tierra al otro lado del Jordán, esa hermosa región montañosa y el Líbano." Pero por causa de ustedes el Señor se enojó conmigo y no me escuchó, sino que me dijo: "¡Basta ya! No me hables más de este asunto." [Deuteronomio 3:23-26].

Oh-oh!, momento, retomemos la respuesta que recibió Moshé por parte de nuestro Abba  (Padre): "¡Basta ya! No me hables más de este asunto." Puedes imaginarte por un momento esa escena?, ¿Qué crees fue lo que Moshé pudo haber sentido al oír esas palabras? tal vez tristeza, dolor, decepción, angustia, frustración.... cuantos posibles sentimientos, y adicional el bombardeo de toda clase de pensamientos invadiendo su cabeza: pero yo estuve, yo hice, yo aguante, yo fui, yo vine...en fin, planteamos esta posibilidad en la escena de cómo pudo haber sido ese momento, y recordando la humanidad de Moshé porque es justo en esta parte de la parashá "Vaetjanán" (Y suplique) donde queremos detenernos y compartir con ustedes unas palabras.

Moshé, a pesar de lo que pudiese haber llegado a sentir, era plenamente consciente de su falta, él sabía que había desobedecido a una orden, Si! A tan solo una de tal vez miles que nuestro Abba pudo haberle dado, pero esa única le costó la NO entrada a la tierra prometida. No sé tu querida comunidad pero cuando leo estos versículos, se me eriza la piel y mi alma se inquieta, sí, mi alma se inquieta por dos razones, la primera porque El Eterno le dijo NO a Moshé, a Moshé!!!, y la segunda porque trae a mi mente cuestionamientos, tales como: si he obedecido o no, si alcanzaré la tierra prometida, o si he tenido un corazón dispuesto de acuerdo a la voluntad perfecta de nuestro Di-s.

Es interesante observar como desde diferentes puntos de vista los sabios del pueblo judío a lo largo de más de 40 siglos han tratado de buscar diferentes explicaciones a la respuesta que Moshé recibió por parte del Eterno, una de las cuales es que El Eterno calló a Moshé porque si este suplicaba una vez más, completaría la cantidad de plegarias necesarias para que le fuera concedida su petición. Lo más importante y cierto para resaltar en esta situación es que debemos recordar y tener siempre presente que nuestro Abba es bueno y justo, recuerda bueno y justo!, por lo tanto si tú o yo tomamos malas decisiones tendremos que ser conscientes, como Moshé, que si bien alcanzaremos el perdón por parte del Eterno porque nuestro amado Abba es bueno y misericordioso, de igual manera también debemos ser lo suficientemente valientes para aceptar y afrontar las consecuencias que vengan por cada uno de los errores que cometamos.

Por eso querido lector escucha su voz y obedece con amor, atiende al hermoso llamado de nuestro Melej (Rey) siempre con un corazón dispuesto; y si te sientes con la copa a punto de rebosar por las razones que sean, recuerda: "Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir" [1Corintios 10:13].

No bajes la guardia, camina siempre en pos de Él y No olvides..."la tierra prometida nos espera"!

"Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre.Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios.Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias; él rescata tu vida del sepulcro y te cubre de amor y compasión; él colma de bienes tu vida y te rejuvenece como a las águila" [Salmo 103:1-5].

Amén y Amén

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